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VW Escarabajo  

DE CASETA DE PERRO A COCHE NUPCIAL

Super VW nº 025

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Todo empezó en Mayo de 1992. Me vine desde Madrid a Tenerife por motivos de trabajo y la primera cosa que me llamó la atención fue la cantidad de VW Escarabajos que se veían, tanto estacionados como circulando a cualquier hora del día o de la noche.

Agradecimientos a José Luis Gamo
Entonces fue cuando me propuse hacerme con uno y el primer vehículo que compré fue el TF-1180-C, un VW Escarabajo 1303 S. No había por donde cogerlo, ni tampoco se podía entrar dentro ya que durante mucho tiempo había sido utilizado como caseta de perros de presa canario, pero bueno, por 20000 pesetas de las de antes (120 euros), para mí era como un regalo , y más después de que habiendo estado parado durante dos años largos y semi-abandonado en la calle, le pusimos una batería y a la tercera vez que gire la llave en el contacto arrancó y se quedó al ralentí con ese ruido tan peculiar que tienen estas maquinas. Ahora empezaba lo peor, la restauración tanto de chapa y pintura como de tapicería interior, asientos y techo que estaban completamente inservibles gracias a los juegos de los perros. El salpicadero casi no existía ya que al ser de una especie de plástico blando estaba todo mordisqueado. Al ser este modelo el único que conozco que posee un salpicadero propiamente dicho y no como el de sus hermanos, solo fue cuestión de lijar y pintar. El pintado fue relativamente fácil porque aunque estamos en una Isla con el consiguiente peligro del salitre, el coche no estaba muy picado y solo tenía pequeñas oxidaciones superficiales. Una vez desarmado por completo, las aletas delanteras y traseras, puertas, capó trasero y maletero delantero, se fue pintando poco a poco y con esmero, ya que las prisas y las chapuzas no compensan en este tipo de vehículos.
La tapicería hubo que ponerla completa y solo se pudo aprovechar los armazones
metálicos de los asientos, pero bueno, se intentó recomponer lo más fielmente posible al modelo original. En el salpicadero opté por conseguir uno en la chatarra y tapizarlo, así de paso eliminé el cenicero y en ese hueco ubiqué un reloj analógico, para evitar que a nadie le entrar la tentación de fumar dentro de mi coche. Tardé casi dos años en restaurarlo por completo. Con la ITV ya pasada, decidí llevármelo de vacaciones a la Península y una vez allí, por un motivo que ignoraba y sin causa justificada, el bicho se paraba o no arrancaba, por lo que no podía arriesgar a llevármelo otra vez desde Madrid a Cádiz para embarcarlo para Tenerife y fue cuando el vehículo se quedó en un cuarto de aperos en Tamajón, pueblo de la provincia de Guadalajara, permaneciendo allí diez años.
Fue en el año 2001 cuando pensamos la entonces mi novia y yo en casarnos y aunque residíamos en Tenerife, la boda se iba a celebrar en la península y más concretamente en el lugar donde se encontraba el coche y porque no, decidimos que el VW de mis amores fuera el coche de boda, con tarjeta de invitación personalizada, aún arriesgándonos a que nos pudiese dejar tirados por ese problema de carburación que antes mencioné. Así fue como mi hermano recogió a la que sería mi futura esposa y la llevó hasta el lugar de la ceremonia, el Excmo. Ayuntamiento de Tamajon y donde su alcalde impartió el acto, mientras que mis amigos me llenaron el VW de globos, bolitas de corcho y lo forraron todo con plástico negro y cinta adhesiva. Vamos, que el pobre cochito quedó personalizado. Además me desconectaron los cables que van al delco y cuando acabó la ceremonia solo pudimos arrancar empujando el vehículo cuesta abajo hasta que volvieron a conectar los cables eléctricos arrancando perfectamente y fuimos a hacernos las consiguientes fotografías de ese día especial, pero claro todo no podía salir tan perfecto y a la hora de salir hacia el lugar del convite en Torrelaguna (Madrid), el coche decidió pararse y no quiso arrancar, teniendo que dejarle en el lugar e ir a la comida en el coche de mi hermano. Después de estas peripecias, en el año 2004 decidí traérmelo a la Isla.
Como ya habían pasado doce años desde la primera restauración que le hice, pensé que le hacía falta un lavado de cara, descubriendo al desarmar el depósito para pintarlo, por fin, el problema del que nadie supo darme na solución de porque se paraba el motor. Sencillo, al estar el coche tanto tiempo parado con gasolina en el depósito, y sabiendo que la gasolina tiene parte de agua, fue oxidando el depósito y descomponiéndolo, siendo estos grumos de óxido los que obstruían y no dejaban paso a más gasolina, manteniéndose la gasolina dentro del depósito podrido por la gruesa capa de pintura negra que tenia el mismo. Ahora lo saco casi todos los días, y vale la pena. Solo esperaba para llevarlo en el bautizo de nuestra primera hija (celebrado en el pasdo mes de agosto-septiembre), si la madre me dejaba por cuestiones de seguridad...
Quisiera agradecer a la gente que me ha ayudado y animado a seguir con este coche para que no acabara en un desguace y por eso a mi padre José Luis, a mi hermano Ignacio y a los amigos que me han echado una mano en la restauración (Pedro “el chapa”-Taller Caype, Antonio Miguel “el mecánico”, Triqui “el electricista” y Javi, de la grúa...que mas de un paseo me ha dado!). Y especialmente a Lola que me ha aguantado este capricho y en el futuro a Irene.

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